lunes, 21 de abril de 2014

Caperucita Roja

Autor: Charles Perrault

Había una vez una niñita en un pueblo, la más bonita que jamás hubiera visto; su madre estaba enloquecida con ella y su abuela mucho más todavía. Esta buena mujer le había mandado hacer una caperuza roja y le sentaba tanto que todos la llamaban Caperucita roja. Un día su madre, habiendo hecho unas tortas le dijo:
_ Anda a ver cómo está tu abuela, pues dicen que ha estado enferma; llévame una torta y este tarrito de manteca.
Caperucita Roja salió enseguida a ver su abuela, que vivía en otro pueblo. Al pasar por un bosque, se encontró con el compadre lobo, que tuvo muchas ganas de comérsela, pero no se atrevió porque unos leñadores andaban por ahí cerca. Él le preguntó adónde iba. La pobre niña, que no sabía que era peligroso detenerse a hablar con un lobo, le dijo:
_ Voy a ver a mi abuela, y le llevo una torta y un tarrito de manteca que mi madre le envía.
_ ¿Vive muy lejos? – le preguntó el lobo.
_ ¡Oh sí! Más allá del molino  que se ve allá lejos, en la primera casa del pueblo.
_ Pues bien, yo también quiero ir a verla. Iré por este camino, y tú por aquél, y veremos quién llega primero.
El lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto y la niña fue por el más largo, entreteniéndose en recoger avellanas, en correr detrás de las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba.
Poco tardó el lobo en llegar a la casa de la abuela. Golpeó la puerta: ¡toc! ¡toc! 
_ ¡Quién es?
_ Es tu nieta, Caperucita Roja. Te traigo una torta y un tarrito de manteca.
La cándida abuela, que estaba en cama porque no se sentía bien, contestó:
_ Tira del cordel y se abrirá el cancel.
Así lo hizo el lobo y la puerta se abrió. Se abalanzó sobre la buena mujer y la devoró en abrir y cerrar de ojos, pues hacía más de tres días que no comía. Luego cerró la puerta y fue a acostarse en la cama de la abuela, esperando a Caperucita Roja quien, un rato después, llamó a la puerta: ¡toc! ¡toc! 
_ ¡Quién es?
Caperucita Roja, que oyó a la voz ronca del lobo, primero se asustó, pero creyendo que su abuela estaba resfriada, contestó:
_ Es tu nieta, Caperucita Roja; te traigo una torta y un tarrito de manteca.
El lobo le gritó, suavizando un poco la voz:
_ Tira del cordel y se abrirá el cancel.
Caperucita Roja tiró del cordel  y la puerta se abrió. Al verla entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:
_ Deja la torta y el tarrito de manteca en la repisa y ve a acostarte conmigo.
Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir. Ella le dijo:
_ Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes!
_ Es para abrazarte mejor, hija mía.
_ Abuela, ¡qué piernas tan grandes tienes!
_ Es para correr mejor, hija mía.
 _ Abuela, ¡qué orejas tan grandes tienes!
_ Es para oírte mejor, hija mía.
_ Abuela, ¡qué ojos tan grandes tienes!
_ Es para verte mejor, hija mía.
_ Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes!
_ ¡Para comerte mejor!
Y diciendo estas palabras, este lobo malo se abalanzó sobre Caperucita roja y se la comió.