lunes, 21 de abril de 2014

Caperucita roja y el puma

Autor: Anónimo 

Había una vez en un pueblo algo lejano y alejado de cualquier otra ciudad o civilización una pobre ancianita. Ella vivía en una casa que, a pesar de ser muy antigua, era de apariencia habitable. Tenía una nieta llamada Caperucita Roja. La llamaban así a causa de que siempre llevaba puesta una caperuza roja hecha por su querida madre. La niña vivía en un pueblo a cientos de kilómetros de su abuela, por lo que nunca la iba a visitar.
Un día estaba la ancianita pensando sobre eso y se le ocurrió algo: fingir estar enferma y así hacer que su nieta la visitara. Escribió una carta a Caperucita pidiéndole medicamentos para su enfermedad, porque en su pueblo no había.
Al recibir esta carta la pequeña se puso rápidamente en camino al pueblo donde vivía su abuela, y, como en ese tiempo no existían los transportes, solo caballos y algunas carretas, debió ir caminando a través de un bosque que parecía no tener fin.
El puma había escuchado por la ventana de la casa de Caperucita como su mamá le leía la carta enviada por la abuela, entonces ideó un plan para comer a la pobre niña y dejar morir a la desdicha abuela: llegar antes a la casa de la viejecita, atarla, ponerse su ropa y fingirse enfermo y, cuando la jovencita estuviera distraída, comérsela de un bocado. Después de pensar detalladamente cada parte de su plan se puso en marcha.
Después de una agotadora caminata, el puma llegó a casa de la abuela. Al llegar forzó la corroída puerta de la casa, amordazó, ató y metió dentro del armario a la anciana. Ya en la cama vestido como la abuela, esperaba ansioso a su presa.
Después de algunas horas de espera, por fin alguien toco a la puerta:
_ ¿Quién es? - preguntó el puma imitando la voz de la ancianita.
_ Es tu nieta Caperucita Roja. Te he traído los remedios que tanto necesitabas  respondió la pobre niñita.
_ Pasa querida te he estado esperando - le dijo el puma astutamente.
_ Hola abuela. Hace tiempo que no te veo - dijo Caperucita Roja abriendo la puerta.
_ Ven más cerca para verte un poco mejor – ordenó el puma preparándose para devorar a la jovencita.
Al acercarse Caperucita notó algo extraño en el rostro y cuerpo de su abuela, lo que le produjo mucha curiosidad.
_ ¡Abuela, que uñas tan largas tienes! - dijo por fin la niña.
_ Son para rascarme mejor, nietita - dijo el puma.
_ ¡Abuela, que ojos tan grandes tienes! - dijo Caperucita.
_ ¡Son para encontrar las agujas de tejer que se me caen Caperucita! - exclamó el puma.
_ ¡Abuela, que pelaje tan tupido tienes! - dijo Caperucita.
_ Es para abrigarme mejor en invierno - dijo el puma acurrucándose entre las sabanas.
_ ¡Abuela que dientes tan grandes tienes! - dijo Caperucita.
_ Es para masticar la carne tan dura que cocino, mi hija - dijo el puma.
_ ¡Abuela que piernas larguísimas tienes! - exclamó impresionada Caperucita.
_ ¡Son para correr mejor! - dijo el puma arrancándose la ropa de la abuela y persiguiendo a la jovencita por toda la casa.
_ ¡Tú no eres mi abuelita, eres un malvado puma! - dijo Caperucita escapando del depredador.
_ ¡Sí Caperucita adivinaste, no soy esa viejecita! ¡Y te digo otra cosa, mis grandes dientes no son para comer la dura carne que preparo! ¡Son para comerte a vos! - diciendo esto el puma devoró a Caperucita y luego se puso en camino al bosque pues allí estaba la cueva donde vivía.
En cuanto la abuela logró desatarse, ya era tarde, el puma había escapado un par de horas antes. Al darse cuenta de lo que le pasó a su nieta entro en pánico y se desmayó.
Cuando abrió los ojos ya no estaba tirada en el piso de la sala, sino en su cama. Todo había sido una pesadilla.